Confusión ilusiones y mistificación, renacen constantemente de las cenizas, la distancia entre lo que es realmente la sociedad, su virtualidad, y las representaciones corrientes (que de ella se hacen los hombres) ha aumentado vertiginosamente en estos momentos, y ni en sueños fué tan grande como ahora, y eso, no a pesar, sino presuntamente en función de la masa aplastante de presunto saber: de discursos, de mensajes, de imágenes que envuelven totalmente el discurrir de la vida de cualquier persona de nuestro entorno de mundo.
Por que el proyecto, de la voluntad y el deseo de lo verdadero, es, tal y como lo hemos conocido desde hace veinticinco siglos, una planta histórica a la vez vivaz y frágil, (no exageran quienes se preguntan si sobrevivirá en la época que atravesamos). no me refiero a la verdad del Filósofo, sino a esa extraña rasgadura que se instituye en una sociedad, a partir de la antigüedad griega, que hace que esa sociedad sea capaz de poner en cuestión sus propias significaciones imaginarias, (en el fondo el espíritu de rebaño es lo único que aumenta)
Esa verdad, (que es en cierto modo la única que nos interesa), existe y solo puede existir en el plano social-histórico. Esto quiere decir, que las condiciones que permiten su manifestación deben encontrarse incorporadas, tanto en la organización social, como en la organización psíquica de los individuos, y estas se sitúan a un nivel mucho más profundo que la ausencia o no de censura, (en ocasiones se encuentra evidencias de ella con regímenes totalitarios y por el contrario se diluye en otros aparentemente liberales).
Vivimos hoy en día, en una carrera constantemente acelerada e impulsada por las nuevas tecnologías, sin embargo, contradictoriamente todo parece contribuir a la descomposición de ese deseo de lo verdadero que en el pasado anidaba en la psique de la persona: La potencia de las maquinarias publicitarias y de “la ilusión”; el neoanalfabetismo que se propaga tan rápidamente como la difusión del “conocimiento”; la increíble usura del lenguaje; la desaparición “de hecho” de lo escrito, (consecuencia de su proliferación ilimitada) y más que nada, la asombrosa capacidad del modelo de sociedad establecida, para reabsorber, desviar, recuperar todo lo que la pone en cuestión..
Hay que preguntarse, si el tipo de ser humano para quien las palabras tenían tanto peso como las ideas a las que aludían, y estas eran algo más que objetos de consumo de una temporada, que se consideraba responsable de la coherencia de lo que afirmaba, (y única garantía ante si mismo de su veracidad), preguntarse en definitiva, si ese tipo psíquico de ser humano no estará siendo definitivamente relegado a la impotencia, (desde este inmenso balcón que del mundo nos refleja Internet).
Porque en esta Villena informatizada y puntera en periódicos y blog “en absoluto nos salimos del mapa” Nos falta precisamente lo imprescindible, ¡esos seres humanos que valoren la democracia en si misma y sin sectarismos!. Disponemos de multitud de artilugios, sin embargo, estamos totalmente incapacitados para realizar debates elementales, ¡desde la seriedad en los mismos datos objetivos!, porque en ese sentido, la verdad de cada cual, (tanto da que nos la presentan en envoltura soterrada o alejada), lamentablemente responde al mismo esquemático formateo de empresas con disfraz de métodos emulados de la escuela Influenza, servir al patrón, guardar la ropa, o pensar teniendo en cuenta en último extremo la propiedad de su parcelita privada.